esas palabras sin sentido que saltan a las 3 de la mañana

Ensayo y error

Dicen por ahí: mata un perro y te dirán mata perros. Por lo regular tendemos a señalar al otro al mínimo error y siempre queda en nuestra cabeza que “ese” se equivocó.

¿A qué se debe? Se me ocurre que puede ser nuestro propio ego. Ese gusano loco que se nos mete en la cabeza creyendo que todo tiene que ver contigo o como dicen los sabios portadores de la verdad; eso que ves en el otro es porque también lo tienes. O quizá nos invada el miedo, el miedo de no saber cómo reaccionar ante situaciones difíciles.

Me vienen a la mente mil y un anécdotas donde cometer un error provoca la peor de las reacciones pero para no aburrirlos con mis historias y no señalar al de enfrente hablaré de un supuesto.

El hijo que consume alcohol y no solo llega a casa borracho sino con el coche hecho pedazos.

Tu reacción es gritarle, regañarlo, decirle lo bajo que ha caído, lo avergonzado que estás, etc, etc. Pero, ¿esa es la mejor opción?

No tengo hijos y cuando platico con mi cavernícola acerca de esto, me aterro y le digo que él será el encargado de resolver la situación. Confieso no estar capacitada para una mejor reacción que la que acabo de describir y aquí entre nos, no creo que sea la mejor.

Para evitar esos momentos de mamá drama, se me ocurre que el primer paso sería no olvidar mis borracheras porque vamos quien no las ha tenido. Al recordar que alguna vez lo hice, me olvidaré de reprimendas dramáticas de esas en las que según tu muy maduro dices “pero cómo se atreve a hacer eso, yo nunca lo hice” ¡baah!. De momento no decir nada. Suficiente tendrá con la resaca del día siguiente para sentirse chinche. Cuestionaría la situación. ¿dónde lo está aprendiendo, es algo pasajero o se está volviendo costumbre de cada fin? Una vez que tenga claro esto, hablaría con él. Plantearía una manera de resolver los daños, mesadas canceladas quizá. Esto con la intención de enseñar que todo error lleva consecuencias. Ah y para no entrar en más detalles creo que trataría de solucionarlo con deporte. No por nada los mayores dicen que la ociosidad es la madre de todos los vicios.

No será el mejor ejemplo pero alguna vez tuve una plática con mi papá sobre las drogas. Sin preámbulos enlistó los estupefacientes que en ese momento estaban de moda. Me explicó lo que cada una hacía cómo se utilizaba y los efectos “divertidos”. Recuerdo haber tenido dudas y él sin signo de alarma, regaño o repulsión trató de resolverlas. La charla terminó con la sugerencia de no utilizarlas, del daño que podrían causarme y de cómo al final todo lo divertido termina en una no sana adicción. No se si sea la mejor recomendación para todos los hijos, pero me funcionó perfecto. No sólo evitó que las consumiera sino que cuando llegó el momento de tenerlas de frente (eso siempre pasa y el que diga que no miente) no sentí curiosidad alguna. Al final ya sabía lo que ocurriría así que opte por pasar de largo.

Volviendo al ejemplo del hijo, creo que lo más importante es no castigar por el error. Somos una mezcla de errores y aciertos así que no hay porque señalarlo, nunca perder la fe en él, saber que del error se aprende y si está en tus manos, enseñarle más no juzgarle. Y ojo en cómo reaccionas porque errores cometemos todos.

No ser perfecto nos lleva a fracasar y al caer aprendemos a levantarnos, a ser mejores y lo más importante a intentarlo de nuevo.

El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada. Goethe.

firma alanis ok

Facebook Comments

1 Comment

  1. Jun 12, 2013    

    ASÍ ES, TIENES TODA LA RAZÓN hasta Mahoma y Cristo se equivocaron…

    ________________________________

  1. Tu primer gran fan | andrealanis on Aug 14, 2013 at 5:17 pm

No te pierdas, me encanta saber de ti

Sigue el Blog por Email

Haz clic para seguir este blog y recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo electrónico.

Por mes